Señora Presidenta

Cámara:

Juan José Bustos Ramírez, nace a la vida biológica el 8 de diciembre de 1935 en la ciudad de Santiago, en la casa de su madre doña Dorila Ramírez, ubicada en la plaza del roto chileno. Cursó sus estudios secundarios en el Instituto Nacional y luego, en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile, donde fue ayudante de las cátedras de derecho penal del profesor Luis Cousiño Mac Iver e Historia del derecho del prof. Jaime Eyzaguirre. Tan pronto se licencio, acudió a doctorarse a las mejores universidades europeas, pues en 1960, obtuvo una beca en la Universidad Complutense de Madrid bajo la dirección del prof. Juan del Rosal. Posteriormente, fue becado para ingresar a la Universidad de Bonn, donde estudió bajo la dirección del más prestigioso penalista de la época, Hans Welzel, y donde conoció a profesores como Armin e Hilde Kaufmann, Zielinski, y Günter Jakobs, obteniendo el grado de doctor por su clásica tesis “Culpa y finalidad”. De vuelta en su país y en la época dorada del derecho penal en Chile, su querido amigo, prof. Eduardo Novoa Monreal lo nombró profesor auxiliar de la cátedra de la Universidad de Chile, incorporándose junto a profesores de la talla de Alfredo Etcheberry, Enrique Cury, Sergio Politoff, Francisco Grisolía, Jaime Vivanco y Sergio Yañez al trabajo en la magnífica revista de ciencias penales editada en el Instituto homónimo. En 1966, fue profesor de la Universidad de Chile, sede Valparaíso, (en la que volvió a dictar cursos de especialización el año 2001 y 2002). Luego, en 1968 por concurso público es nombrado profesor titular de derecho penal de su querida Universidad de Chile, de la que fue director de su departamento de ciencias penales.

Pero su intensa vida académica fue de la mano de sus ideales y su acción política, pues participo activamente como destacado militante del Partido Socialista de Chile, del cual fue dirigente y colaborador en el triunfo popular que lleva a la Presidencia de la República al ciudadano Salvador Allende Gossens, en septiembre de 1970.

Por la desoladora tragedia que se abatió sobre Chile en 1973, de esas que conjugan “encierro, entierro y destierro”, Juan Bustos, parte al exilio, haciendo sus primeras clases en la Universidad Central de Tegucigalpa, cuyo rector, prof. Reyna se destacó por la solidaridad con los perseguidos. Por aquellos días aciagos, el gran escritor Uruguayo Eduardo Galeano, dedica un cuento al pueblo chileno, inspirado en la tristeza que embarga a Juan y el milagro de estar vivo, el cuento se intitula: “Yoro: Lluvia”;

“En Chile ha visto mucha muerte. Sus más queridos compañeros han sido fusilados o reventados a culatazos y patadas. Juan Bustos, uno de los asesores del presidente Allende, se ha salvado por un pelito.

Exiliado en Honduras, Juan arrastra sus días de mala manera. De los que en Chile murieron, ¿cuántos murieron en lugar de él? ¿A quiénes usurpa el aire que está respirando? Lleva meses así, de pena en pena, avergonzado de sobrevivir, cuando una tarde las piernas lo traen a un pueblo llamado Yoro, en el centro y en lo hondo de Honduras.

Llega a Yoro porque sí, porque no y en Yoro pasa la noche bajo cualquier techo. Muy de mañanita se levanta y se echa a andar por las calles de tierra, desganado, remando tristezas, mirando sin ver. Y de pronto, la lluvia lo golpea. Es una lluvia violenta y Juan se protege la cabeza. Pero en seguida advierte que no es de agua ni de granizo esta lluvia prodigiosa. Locas luces de plata rebotan en la tierra y saltan por los aires.

– ¡Llueven peces!- grita Juan, manoteando los peces vivos que caen en picada desde las nubes y brincan y centellean a su alrededor para que a Juan nunca más se le ocurra maldecir el milagro de estar vivo y para que él nunca mas olvide que ha tenido la suerte de nacer en América:

-Y sí- le dice un vecino, tranquilamente, como si nada. -Aquí, en Yoro, llueven peces.

Luego, de su paso por centro américa, decide trasladarse a Argentina, gracias a la solidaridad de sus colegas, Luis Ramos Mejías y David Baigún, para hacer clases en la prestigiosa Universidad de Buenos Aires. Empero, son tiempos tenebrosos, y Juan cae detenido en la porteña ciudad, en el marco de la denominada “Operación Cóndor”, permaneciendo detenido durante seis meses. Nuestro homenajeado, logra recuperar su libertad gracias a las gestiones de sus amigos profesores Julio Maier, Armin Kaufmann y el ministro del interior Alemán Maihofer, quien le conocía de su estancia científica en Bonn. De vuelta en Alemania, recibe la beca Von Humboldt, dictando clases de derecho penal comparado en la Universidad de Bonn y luego en Colonia de la mano de la profesora Hilde Kaufmann con quién mantuvo una estrecha amistad. Gracias a las gestiones de Carlos García y Manuel Cobo del Rosal, así como la invitación del eminente catedrático Español, prof. Juan Córdoba Roda, quién le prestó siempre toda su ayuda en España, se incorporó como profesor adjunto de Derecho Penal en la Universidad de Barcelona, donde conoció a Quintero Olivares, Ignacio Berdugo, Mir Puig, Mercedes García Arán, entre otros. En 1978, se instala en la Universidad de Lérida, teniendo como profesor adjunto a su entrañable amigo y discípulo Hernán Hormazabal, luego de obtener por concurso la cátedra de La Laguna, arriba como catedrático a la Universidad Autónoma de Barcelona, donde inicia una fructífera actividad académica, llegando a ser vice decano y colaborador con las más prestigiosas universidades europeas, en Saarbrücken con Alessandro Baratta, Rótterdam con Louk Hulsman, Sussex con Jack Joung, la de Bologna con Massimo Pavarini. En este tiempo, participa en diversas actividades académicas, entre otros con los profesores Hassemer, Ferrajoli, Roxin, Albrecht, Baratta, Muñoz Conde, Berdugo, Terradillos, Tiedemann, Arroyo Zapatero, Maier,  Baigún, Bramont, Fernández, y Zaffaroni, entre otros grandes penalistas y criminólogos.

Sus obras (más de una docena de monografías, dos manuales, obras completas, así como numerosos artículos especializados) y una vida dedicada a la docencia han sido reconocidas tanto en Europa como en América Latina, tal como lo acreditan numerosas invitaciones y homenajes que ha recibido de las más importantes universidades de ambos continentes. Su aporte en la teoría del delito lo ha llevado a plantear de manera original, un sistema teórico integrado sobre la cuestión penal, destacando su teoría del sujeto responsable. Como señalara Peña el año 2008 en su nota necrológica: “Si hay algún jurista chileno de genuina repercusión internacional -citado como autoridad, invocado en la literatura internacional, revisado una y otra vez a la hora de fallar, presente aquí y allá en notas a pie de página, amueblando la memoria de los estudiantes de derecho- ese es Juan Bustos. En Chile sobran los leguleyos, abundan los abogados, juristas hay pocos; juristas de excepción, apenas dos o tres. Su vida y obra académica, ha influido en estudiantes de todos los países de habla hispana, y particularmente de sus discípulos, entre otros, Alejandro Slokar, José Urquizo, Elena Larrauri, Celia Suay, Jose Cid, María Inés Horvitz, Jean Pierre Matus, Felipe Caballero, Taeli Gómez, Luis Emilio Rojas, Lautaro Contreras, Enrique Aldunate, Pietro Sferrazza, Sebastián Cabezas.

Su compromiso con la democracia, manifiesto en sus trabajos académicos, lo llevaron a demandar en los Tribunales Chilenos Justicia y castigo para los violadores de los derechos humanos, destacando la representación que asumió de la familia de Orlando Letelier, asesinado en Washington en 1976, consiguiendo Bustos en 1995 la condena de los autores, entre ellos, los jefes del aparato de exterminio de la dictadura, así como su intervención en Londres, como abogado querellante del Partido Socialista y de familiares de desaparecidos, en el caso caravana de la muerte y en el expediente de extradición instruido contra Pinochet. Sin él, como expresara Peña: “la doctrina acerca de la amnistía y los derechos humanos -huérfana de reflexión- se habría deslizado con premura hacia las soluciones fáciles. Pero él -que sabía eso de Weber, según lo cual en este mundo no se consigue nunca lo posible, si no se es capaz una y otra vez de perseguir lo imposible– lo impidió usando las armas de la inteligencia y de la persuasión. Si Chile se ha mantenido alerta en esta materia -y se ha resistido a renunciar a la justicia, aunque esa renuncia venga disfrazada de ética de la responsabilidad- es gracias a personas como Juan Bustos”.

Juan Bustos sirvió a la política y no al revés, en 1998 ingresa al parlamento chileno, resultando elegido y reelegido Diputado en tres períodos consecutivos, representando a las Comunas de Quilpue, Villa Alemana, Limache y Olmué, del otrora distrito 12, culminando su prolífica carrera como Presidente de esta corporación, siendo autor de innumerables leyes de la República, y un aporte indiscutido en el proceso de formación de la ley, en el seno de su entrañable Comisión de Constitución, legislación y justicia. Como señalara Peña en la necrología citada: “Bustos durante su vida demostró que los deberes del académico no son inconsistentes con el compromiso político; que se puede tener firmes convicciones ideológicas y, así y todo, ejercitar la capacidad de reflexión. No es poco para un país donde la cobardía suele disfrazarse de prudencia, y donde se cree que la imparcialidad intelectual obliga a ser neutral”.

Pero estos méritos de Juan Bustos palidecen si los comparamos con su calidez humana, con su modestia, con su adoración por su familia, con que, por encima de todo, fue una persona decente.

Para finalizar, quiero señalar a nombre de la Bancada de Diputados del Partido Socialista, que estas palabras son muestra que el alejamiento, es sólo físico, pues su legado permanece y permanecerá en la memoria de todos nosotros. No exageramos si recordamos que hace diez años, todos los que lo admiramos, al saber de su partida, dondequiera que hayamos estado, nos detuvimos a mirar al cielo para ver llover peces y evocar la memoria de su sereno y luminoso progresismo.

Muchas Gracias.